Educación y violencia de género

Hoy me levanto, me pongo el desayuno y en mi soledad matutina enciendo la radio y escucho las noticias… Un asesinato más. Fuenlabrada, 26 años y el asesino (“presunto”, claro….) se queda al lado del cuerpo a esperar a que llegue la policía. Me recorre la espalda un escalofrío. ¡No me lo puedo creer! ¿Hoy? ¿Precisamente, hoy? ¿Hoy, que todos los bañezanos, comarcanos y viandantes estamos citados a las 12 de la mañana en la plaza mayor para dar lectura al manifiesto contra la violencia machista?

Esto es una locura… 40 mujeres asesinadas en lo que va de año. ¡Definitivamente, se están volviendo locos! ¿26 años? Pero si podría ser mi hijo…. ¡Ay madre! ¡No entiendo nada!

Vivimos en la sociedad “más libre” y “mejor informada”, se supone, de toda la era humana, y los hay que se comportan como auténticos Cromagnones dando uso al “o mía o de nadie” como si por las cavernas anduviésemos todavía.

¿Qué está fallando?
¿Por qué suceden estos asesinatos?

¿Cómo podemos no tener la mente más abierta?

Pues en mi conclusión personal, y por lo que he estudiado sobre el tema de igualdad (y no ha sido poco, todo he de decir) falla la base que es LA EDUCACIÓN EN LA IGUALDAD Y LA LIBERTAD DE LAS PERSONAS SEAN HOMBRES O MUJERES.

A nivel de estamentos burocráticos y sociales existen miles de campañas, proyectos y producciones que trabajan este tema con nuestros infantes y jóvenes, pero hay un recurso más poderoso en la educación que parece que puede no estar cumpliendo su papel, y es el nuestro, el de los padres y madres que cada día nos comportamos buscando la igualdad en nuestra manera de hacer las cosas, de hablar, de pensar, pero que a veces no nos damos cuenta y sin querer (o por ignorancia, o “porque esto es así de toda la vida”) decimos, comentamos o hacemos cosas que marcan el sexismo en nuestra prole.

La violencia de género, la violencia machista, la desigualdad entre hombres y mujeres, es cosa de toda la sociedad, y cuando digo sociedad te incluyo, me incluyo, incluyo a un señor de Cuenca y a una señora de Sebastopol…. Sociedad nos incluye a todos, y si además a ti te ha tocado, como a mi, en la parte de la sociedad llamada “civilizada”, mayor responsabilidad todavía. Somos lo que hacemos en nuestra sociedad, y si queremos llamarnos modernos porque sabemos de internet, de whatsapp, de facebook, etc, no podemos ir por ahí con asesinatos a mujeres “por que sí”, “por que es mia o de nadie” o “por que se lo merecía”… Si somos avanzados para conectarnos a redes sociales y ver el mundo, no podemos cerrar la mente y ver que una falda corta justifica una violación, o que si soy mujer soy yo la que tengo que tener cuidado con que no me pase nada, en vez de tener varones que sepan que no se puede forzar a una mujer a tener relaciones sexuales no consentidas.

En definitiva, todos podemos hacer algo para que toda la violencia que se ejerce sobre las mujeres desaparezca, en mayor o menor grado, y como seres humanos “civilizados” nos es algo obligatorio.

Publicado en http://adelantobanezano.com/?p=42774

Vive el dolor

Vaya consejo que te voy a dar hoy… Que vivas el dolor de la pérdida, que lo sufras, que te dejes caer hasta tocar fondo. ¡Ojo! Sin perjudicar a nadie, y sin egoísmos excesivos, y por supuesto sin utilizarlo como chantaje a la vida y/o a tus compañeros de viaje.

Cuando perdemos a un ser querido, un trabajo, una mascota, una relación de pareja (y he dicho “perdemos”, no, nos deshacemos, o libramos. ¡No nos liemos!)  pasamos por una confusión y una tristeza incomprensible, infinita y que puede enquistarse si no se elabora de forma correcta la nueva forma de “vida” que resta sin esa persona, animal, o cosa que ya no está con nosotros.

La pérdida es una parte natural de la vida, va acompañada por un periodo de duelo, donde el dolor, nos guste o no, forma parte de él (tenemos emociones y no sentir dolor ante una pérdida sería lo extraño).

La actitud que se tome en cada una de las fases ayudará a aminorar la duración y mejorara el tránsito a la “recuperación” de la vida diaria acostumbrándonos a la falta y al vacío de la pérdida.

Tenemos que darle una tregua a nuestra mente mientras amortigua el impacto del “no puede ser, no es posible, esto no puede estar pasando” (fase de negación) y dejar que aterrice en la realidad y se rebelen sentimientos en el “¿Por qué yo?, ¿Por qué ahora?, “No es justo”, sin consuelo posible (fase de la ira).

Y tras ello llega la “peor” fase: la de la depresión. Ahí es donde nos la jugamos, ahí es donde una persona puede quedar estancada de por vida si no está dispuesta a superarla, y/o no encuentra motivos para hacerlo. Aquí viene la explicación del título de este artículo, hay que permitirse el dolor, hay que llorar la pérdida, sentirse vacío, perdido, loco… y expresarlo así se podrá aceptar la nueva situación y adaptarse al cambio. Debemos expresar nuestro dolor pero intentando no pensar de manera irracional. Con frecuencia, cegados por el dolor, nos boicoteamos con pensamientos tipo: “esto es insuperable, imposible retomar mi vida sin esa persona, le necesito para ser feliz, ya nada vale la pena” etc. Este tipo de pensamientos son pensamientos limitantes. No olvidemos que según el pensamiento que elijamos, será la intensidad de las emociones que surjan. Con estos pensamientos solo conseguiremos, por un lado, que aumente el malestar en nosotros y por otro, no permitiremos que el duelo siga su curso. Debemos permitirnos sentir este dolor, pero sin generar más sufrimiento.

Y finalmente llega la fase de aceptación. Se trata de aprender a vivir con la pérdida y crecer a través del conocimiento de nuestros sentimientos. Cuando llegamos a esta etapa, lo hacemos normalmente débiles y agotados. Nos hemos esforzado en renunciar a una realidad que ya no es posible.

El proceso del duelo significa tomar conciencia del vacío que ha dejado la pérdida y soportar el sufrimiento y la frustración que comporta sin evitación alguna.

Si observas que el dolor se prolonga en el tiempo o que la situación te desborda sintiéndote bloqueado en el proceso, no dudes en pedir ayuda profesional.

Publicado en Adelanto Bañezano

 

Miedo a la muerte

En estas fechas nos hacemos más conscientes de que la vida tiene una fecha de fin. Nos planteamos si vivimos día a día con plenitud y estrujando cada instante, planeando para el futuro más o menos cercano y para el más lejano también. ¿Y por qué? Pues porque celebramos la fiesta de los difuntos y de todos los santos según la tradición cristiana. Hay mas tradiciones a lo largo del mundo que nos hablan de la muerte y de su culto, como la de la profana Santa Muerte en la cual se “celebra” el final de la vida tal y como la conocemos y el paso a otro estado/mundo desde el cual las personas fallecidas pueden ayudarnos.

Pero realmente qué es la muerte, qué hay después de la misma y el grado de importancia que le damos a la misma depende solo de nuestras creencias y valores. Y dependiendo de ese grado de importancia con respecto a nuestra propia vivencia, así sobrellevamos la idea de “pasar a mejor vida”.

Que, ¿de qué estoy hablando? Que, ¿qué donde quiero llegar? Pues al concepto de tanatofobia. La tanatofobia es una fobia (que bobada, si ya lo has leído tanato – fobia), que consiste en el miedo a la muerte que impide llevar una vida normal, es decir, hace que la persona ni tan si quiera pueda ir a un entierro porque le causa tal ansiedad la idea de la muerte que sufre ataques de angustia y hasta paradas cardio-respiratorias. El tanatofóbico es una persona incapaz de desarrollar estrategias para afrontar su miedo, el cual se genera por dos motivos principales: haber sufrido una experiencia próxima traumática o por observación, lo que se denomina aprendizaje vicario. Es decir, que alguien les haya transmitido ese miedo y el afectado lo convierta en algo negativo.

La tanatofobia solo afecta al 2 por ciento de la población, sin embargo, es buen pretexto para recordarnos que hay que pensar en la muerte sin llegar a obsesionarnos con ella y, sobre todo, viéndola como parte de este viaje que es la vida.

En nuestra sociedad ha habido un cambio en las últimas décadas con respecto a la muerte. Antes se le rendía culto en rituales de duelo. Ahora, ha ido evolucionando hacia una negación y una ocultación de la muerte. Cuando muere alguien no hay niños, no se les habla de lo que significa morir y eso genera un efecto negativo. Es muy importante enseñar a los niños a enfrentar la pérdida de un ser querido. Si no sabes, o quieres tener más información de cómo hacerlo, no dudes en consultar con una persona especialista, como puede ser un psicólogo

Y recuerda, “en esta vida todo tiene remedio, menos la muerte”, así que lo mejor es disfrutar de la primera con salud, antes de que la segunda nos alcance.

Publicado en Adelanto Bañezano.

Programa de radio de Europafm La Bañeza Radio

Lo inesperado

A veces las cosas suceden, a veces las piezas encajan, y a veces, simplemente es lo que tiene que ser…

Me gustan las cosas inesperadas cuando hacen vibrar mi corazón y brotar mis lagrimas deseando que sucedan de nuevo. Me asustan las cosas inesperadas que agitan mi alma y hacen que mis ojos acaben secos, hinchados y doloridos.

Hay mucha magia en pensar que tu rutina no acaba y tras haber asumido que las cosas son así, y que no puedes esperar que cambien, de repente se cruzan letras en tus ojos que tiñen del azul cristalino de unas lagrimas de alegría tu rostro.

Hoy debo dar gracias al universo por no haberme separado del todo, por haberme unido en aquel momento y por no hacerme esperar lo inesperado. Con todo ello hoy puedo disfrutar del amor y del cariño que de manera adormecida por el pinchazo del aguijón del dolor se mantenía en lo mas profundo de mi corazón.

Hoy he bailado con la felicidad y la desconfianza, con el miedo y la cobardía, pero he de decir a mi favor que ha ganado el cariño, el afecto y el amor que sabes depositado a cobro revertido…

Me gusta querer, me gusta confiar, y he aprendido, además, que me gusta esperar confiando en que si te he invitado a mi realidad, si has llegado a compartir un trocito, mas grande o mas pequeño, de mi camino de vida es porque tengo que estar agradecida de todo lo que me has enseñado, con risas, con lágrimas, con dolor, con amor…

Te he extrañado, porque te he querido, te quiero, porque ya no tengo que extrañarte…

Espero poder volver a abrazarte y a sonreír llorando como tantas veces.

 

Para tí Raquel, para tí… Muaaacckkksssss

 

¡Cuídate cuidador!

Hace unos días se celebraba el Día Mundial del Alzheimer. Esa maldita enfermedad que nos siega la memoria y las capacidades de ser un “ser humano” (perdón por la redundancia).

Y escuché hablar de las personas cuidadoras de una forma que me encogió el alma y me enterneció hasta el extremo de no poder dejar de pensar en todas las que conozco y que de una forma profesional y/o familiar están poniendo su vida a los pies de muchas otras personas que por diferentes circunstancias ya han perdido su independencia para ser por si solos los únicos actores de su vida.

Y recordé mi interminable discurso sobre que nadie es indispensable, y que no podemos dar lo que no tenemos. Es decir, yo no puedo amar si no estoy plena de amor y/o no puedo cuidar si no me cuido a mí misma. Y en eso querida lectora, estimadísimo lector, es la parte en la que muchas personas cuidadoras fallan. Si, seguro que si te paras a pensar en tu propio caso o en el de esa vecina, primo, hermano, etc. que conoces ves como no se respeta el descanso necesario para cargar fuerza para seguir con la tarea de cuidar con amor, con mimo, con respeto….

Porque eso es lo que más se pierde cuando no se cuida el cuidador, el respeto por el ser no capacitado para su independencia, y se le acaba maltratando física y/o verbalmente, y en muchos casos se sufre por haber llegado a esos límites.

Hay que reconocer las limitaciones físicas y mentales que uno tiene, y pedir ayuda, tomarse un descanso cada cierto tiempo, y procurarse unas vacaciones, así como aprender a decir “no” en algunas ocasiones. Ya veo manos que se echan a la cabeza, y exclamaciones de: -¡Si, venga ya! ¿Y qué más?..- Yo no puedo, yo no quiero…

¡Pues anda que no lo habré yo escuchado veces! Unas que no pueden, porque no hay nadie más que las pueda ayudar, otros que es una obligación por lo que esa persona hizo por ellos en el pasado, los de mas allá por lo que va a decir la gente, y así trilirí, tralará, al final el poder y el querer se confunden, y a veces se quiere y no se puede, y en otras se pude pero no se quiere.

Ahora en serio, descansa cuidador, cuídate cuidadora, porque el material con el que tratas es más delicado que cualquier objeto que puedas imaginar, es una persona, que sea o no de tu familia, merece respeto, amor, cordialidad, dulzura, alegría, apoyo, animo, o sea todo lo que como personas con sentimientos y corazón que somos podemos darle, siempre y cuando hagamos todo lo posible porque no se nos acabe y recarguemos las baterías de vez en cuando.

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Audio de Europafm La Bañeza radio del día 27 de octubre de 2016

Vuelta al cole y acoso escolar

Volvimos a la rutina de madrugar, hacer tareas, ir a futbol, natación, ajedrez…. Y volvimos a las preocupaciones de “como les irá este curso”.

Si queridos padres y apreciadas madres, volvimos a la rutina escolar hace unos días con mayor o menor agrado. A algunos se les está haciendo cuesta arriba el soltar la bici, el balón, el tobogán, y a otros se les está indigestando el miedo de volver a ese pasillo en el que es insultado, a ese patio en el que es apuballada, a ese baño en el que es acorralado….

Porque volver a clase no sólo es reencontrarse con tus amigos y compañeros, sino que también conlleva el volver a ver a tus torturadoras y amargadores de vida. ¡Qué horror! Cuanto miedo tienen que pasar, que asustadas se tienen que encontrar.

Me diréis que me estoy poniendo muy dramática, pero sí, es un drama, y uno gordo porque con lo de las nuevas tecnologías parece que el acosar a alguien no tiene límites.

El niño o la niña que sufre este acoso lo pasa muy mal, realmente vive en un infierno, y nosotros como progenitores y parte de la sociedad somos los máximos responsables de que esto suceda. Sí, no mires el periódico así, lo somos y lo peor es que en algunos casos no nos queremos dar por aludidos. A veces leo comentarios en diferentes publicaciones, escritos, etc, que hacen recaer toda la culpa sobre el colegio, instituto y demás, que aparta la mirada, que no hace nada, patatín, patatán. Pero en menos ocasiones puedo leer comentarios que implican a los educadores en casa (padres, madres, abuelos, abuelas, hermanos mayores, etc) Pues sí, todos estamos implicados, y obligados a vigilar que un infante, una adolescente y/o un joven no se convierta en un acosador o acosadora de sus compañeros de colegio.

¿Cómo? Pues educándolos en la igualdad de los seres humanos, en valores como la dignidad, el respeto, en capacidades como la empatía, la asertividad, por ejemplo.

Y hablando de ejemplos, pues eso, que nosotros debemos de ser sus modelos, dar ejemplo. Cuantas veces vemos comportamientos agresivos o de desprecio en niños y niñas y cuando se lo recriminas a su padre o madre te contesta con un: – Son niños… Y se quedan tan campantes. También ocurre que en ocasiones no somos conscientes de lo que nuestros menores escuchan cuando parece que “no están a la conversación” y en la misma se está criticando el físico, o el tamaño y modelo de coche, o la forma de vida de alguien…. Eso lo que hace es que ellos asuman que hay características físicas, económica y/o morales criticables y abatibles. Así que se abre la veda para criticar y abusar de aquel o aquella que no cumpla según “mis mayores” con las características deseables.

¡Que triste! Que en el final de la historia nadie hable de que pasa realmente con el acosador, y porque ha llegado a ese punto, y simplemente nos dediquemos a criticar medidas adoptadas, normativas incomprensibles, etc.

EL ACOSO ESCOLAR ES UNA CUESTIÓN DE TODOS.

Volver a la rutina

Llegó septiembre. Y con él, la vuelta a la rutina en muchos casos, laboral, familiar, etc.

¿Y cómo te sientes? ¿Qué tal lo llevas? Quizás en algún momento el solo pensamiento de “rutina” te ha hecho feliz; o por el contrario has comenzado a hiperventilar, te han dado sudores fríos y se te ha puesto un dolor de cabeza de órdago a la grande…

Eso pasa porque cada persona ansía una cosa diferente tras un  período vacacional. Unos que la rutina les atrape porque las vacaciones, los cambios de horario, de lugar, de hábitos alimenticios, de ritmo de sueño, al final les han generado más cansancio que el propio día a día. Y otros que se niegan a dejar ese delicioso tiempo de despreocupación por todo, ni reloj despertador, ni obligación de llegar a la mesa a una hora determinada para seguir con la jornada, ni no poder echarse una cabezadita pero bien a gusto de una hora “o más”….

En este último caso decirte que si te sientes así y además sufres insomnio acompañado de somnolencia diurna, ataques de ansiedad, cambios bruscos de humor con accesos de ira, insatisfacción e inseguridad entre otros, querido lector, querida lectora, estás sufriendo lo que se denomina “síndrome postvacacional”. ¿Vaya descubrimiento, verdad? ¡Como si no lo supieras ya!

Pues lo que quizás no sepas, pero que me gustaría añadir, es que es algo pasajero, y como tal hay que tomárselo. Existe una deshabituación al trabajo y a la rutina diaria durante un tiempo más o menos largo, léase quincena/mes de vacaciones y/o periodo estival, es decir, verano, durante el cual, el mero hecho de disfrutar de mas horas de luz ya cambia nuestra rutina radicalmente, y si le añadimos el buen clima que nos hace pasar más tiempo fuera de nuestras casas, pues ruptura total con la vida del resto de meses del año.

Por eso, para no sufrir tanto el síndrome postvacacional lo mejor que podemos hacer es ir habituándonos de nuevo al día a día de manera gradual, no volver de golpe a la rutina diaria. ¿Cómo? Me preguntas. Pues intentando que los últimos días de asueto se conviertan en mas rutinarios y que los primeros días rutinarios sigan siendo, dentro de lo posible de descanso. Por ejemplo, recortemos el tiempo dedicado a la siesta en los últimos días de vacaciones, y en los primeros días de vuelta al trabajo, a la rutina, intentemos mantener algún tiempo para pegar una cabezada….

No es mano de santo… Pero ayuda.

Y sobre todo si la duración del estado negativo de vuelta a la rutina se mantiene en el tiempo y/o el estado de ansiedad, nerviosismo, va en aumento, consulta a un facultativo que te pueda indicar que hacer al respecto.

Yo desde aquí te deseo un feliz retorno a la rutina, porque aunque te parezca raro, necesitamos la rutina para sobrevivir. Somos animales de costumbres.

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Recibida en Palacios de la Valduerna

Cómo una dama y señora he sido recibida en Palacios de la Valduerna esta tarde. Fui invitada a participar en las jornadas de la semana cultural por la Asociación El Embrujo de la Valduerna y he quedado prendada de dicho embrujo.

¿Que de qué fui a hablar? Pues de Autoestima, ¿cómo no?….

Me ha acogido un público maravilloso que escuchaba lo que yo decía apenas sin respirar. Sorprendida y agradecida de su atención me sentí flotar. Yo espero de corazón que lo que sus oídos escuchasen en ese ratillo les haya servido para entretenerse, y analizar situaciones de vida que seguramente reconozcan llevar a término sin tanta parafernalia.

Emocionada, repito, no ya sólo por la audiencia tan entregada, si no también por el reconocer caras conocidas y almas queridas entre el público asistente. Eso me da alas y me impulsa a querer y a creer…

Ni que decir tiene que mi botella de vino de Palacios de la Valduerna y mi copa “del Santo Grial”, junto con el excelentísimo piscolabis en la maravillosa casa rural “El señorío de los Bazán”, con los que fui agasajada, me dejaron boquiabierta y pasmada, por no pensar yo merecer tantos honores. La compañía y la hospitalidad de las personas que me acompañaron en la charla, al igual que los que tuvieron a bien acompañarme a posteriori me dejan con un dulce regustillo de la buena gente, las buenas tierras y los maravillosos pueblos que en nuestra comarca hay.

Simplemente puedo decir GRACIAS!!! Y por supuesto que volveré…

 

El cuerpo dice lo que la mente calla

E incluso a veces no sólo lo dice, si no que lo grita.

Hace unos cuantos años que estudié en la facultad los fenómenos psicosomáticos. ¿Qué que son dichos fenómenos? Pues en resumen, dícese de aquella lesión orgánica (enfermedad, malestar, etc) que se considera de origen psicológico.

Es un síntoma físico que se supone producto de un padecimiento mental. Por ejemplo, es muy normal que te duela la cabeza cuando te preocupa algo, cuando tienes un problemilla por resolver, o cuando estudias. El cerebro (físico) está soportando trabajo, que en algunas ocasiones supera su capacidad de resistencia.

Recuerdo vívidamente las clases de psicobiología en las que estudiamos cada parte del cerebro y sus capacidades asociadas, “el poder de la mente” venía de partes físicas de nuestro cerebro.

Años más tarde comencé a sentir curiosidad por como “somatizabamos” según qué problemas, es decir, donde se colocaban nuestros dolores dependiendo de qué tipo de preocupación, frustración o mal rollo teníamos. Muchas veces de manera inconsciente, ya que a nadie nos gusta sufrir (bueno, menos a los sadomasoquistas, pero ese es otro tema para otro momento). Y comencé a observar y a estudiar las enfermedades que padecían las personas que me rodeaban, los casos que la gente me contaba, y a mi misma… Y comencé a darme cuenta que muchas veces síntomas y problemas se repetían en diferentes sujetos (ojo… que no es un estudio científico lo que yo hice, fue pura observación y luego la curiosidad me llevó a encontrar libros que hablaban del tema) y para mi sorpresa inicial mucha gente creía en mi poder adivinatorio cuando al comentarme una dolencia yo les interrogaba sobre un aspecto de su vida y resultaba que “no iba muy bien”…

Para vivir plenamente, debemos aprender a escuchar lo que dice nuestro cuerpo.

Desde diversas perspectivas que no son la psicología, como filosofías y tendencias sobre el pensamiento y crecimientos personal y espiritual (la metafísica, la programación neurolingüística, terapia gestalt, theta healing, ressonance patter, reiki , bioenergía y hasta en el yoga) se explica que, aún cuando en algunos casos las enfermedades se deben a un gen, la mayoría de las personas sufren y padecen males porque, acumulan resentimientos, odio, cólera, furia, sentimientos de culpabilidad, viven aferrados al pasado y a las ideas del pasado, viven para complacer a los demás o según los patrones establecidos como correctos, no se aceptan a sí mismos y carecen de amor propio de manera incondicional, y demás emociones que surgen a través de los pensamientos que no controlan y que llega un momento en el que el cuerpo dice: – ¡Pues esto tiene que salir por algún lado!

Todos creamos nuestras experiencias a través de los pensamientos que decidimos hacer nuestros y a través de estos surgen los sentimientos que nos llevan a las acciones y de ahí a los resultados. De hecho nuestra vida no es más que un reflejo de nuestro estado mental; si en nuestra mente hay paz, armonía y equilibrio, entonces nuestras vidas pueden solamente ser armoniosas, pacíficas y equilibradas. Y si tenemos pensamientos negativos ya sabemos qué es lo que pasa.

Nuestro cuerpo es sabio y habla, por eso hay que aprender a escuchar qué es lo que nos quiere decir, para, desde ahí, ir a la situación que nos genera malestar sanarla y vivir sin hacernos tanto daño.

Observemos nuestras dolencias y las emociones que se viven al mismo tiempo, y así descubriremos como “no hacernos daño”.

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