Archivos Mensuales: octubre 2017

La dependencia emocional (1ª parte)

 

Desde hace unos días y tras el espacio dedicado en la radio de La Bañeza el martes día 31 de octubre a la dependencia emocional he recibido múltiples consultas (además de muchas felicitaciones, cosa que agradezco infinamente), todas ellas daban vuelta a como reconocerse emocionalmente dependiente.

Pues bien, comencemos por el principio. ¿Qué es la dependencia emocional?

La dependencia emocional se produce cuando no tienes responsabilidad completa sobre tus sentimientos, y tu autoestima y bienestar depende de otros. La dependencia afectiva es una adicción hacia otra persona, una necesidad desmesurada del otro, que conlleva a renunciar a la libertad personal para emprender un camino que conduce a una felicidad ilusoria.

En su base se encuentra un patrón de necesidades emocionales insatisfechas que la persona intenta cubrir estableciendo una relación de dependencia afectiva. Como resultado, el dependiente emocional pone su relación con la otra persona por encima de todo, incluyendo a sí mismo. Esta persona no desea que nada se interponga en su relación, de forma que va abandonando paulatinamente sus aficiones y actividades diarias, para poder pasar cada vez más tiempo con el otro, hasta que llega a convertirse prácticamente en su sombra.

La persona dependiente emocional suele caracterizarse por tener baja autoestima, ser sumisa, tener una imperiosa necesidad de agradar y un terrorífico miedo a la soledad.

Características todas ellas globales y a grandes rasgos, habría que analizar cada caso en particular para encontrar la raíz de esa dependencia. Pero normalmente y por regla general la base de la personalidad dependiente se centra en dos características marcadas de la vida de dicha persona dependiente. Veamos.

En muchos casos, las personas con una dependencia afectiva provienen de familias disfuncionales, con padres fríos y distantes emocionalmente o han sufrido un abandono, ya sea físico o emocional, por parte de uno de sus progenitores. Como no se desarrolló un apego seguro durante la infancia, el niño creció experimentando sentimientos ambivalentes, que después proyectará en sus relaciones como adulto.

En otros casos, se trata de personas que han tenido que enfrentarse a numerosos problemas desde pequeños y tienen la idea de que no merecen ser felices. De esta forma, han desarrollado una baja autoestima y creen que necesitan ganarse el reconocimiento de los demás a toda costa. A esto se le suma que, debido a las experiencias de abandono y rechazo, han experimentado la falta de control, por lo que al crecer necesitan controlar a las personas más cercanas, para evitar que estas le abandonen.

Todo ello acarrea problemas a la hora de relacionarse con otras personas. Y le lleva a estados poco “saludables” a nivel mental, que pueden amargarle la vida.

Mi querida lectora, mi adorado lector, os preguntaréis si se puede dejar de ser una persona dependiente emocionalmente. Pues he de deciros que si. Que no es fácil, pero tampoco imposible.

El próximo día os lo cuento. ¡Feliz dia!

Publicado en Adelanto Bañezano

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La resiliencia, según la definición de la Real Academia Española de la Lengua es la capacidad humana de asumir con flexibilidad situaciones límite y sobreponerse a ellas, pero en psicología añadimos algo más al concepto de resiliencia: no sólo gracias a ella somos capaces de afrontar las crisis o situaciones potencialmente traumáticas , sino que también podemos salir fortalecidos de ellas.